El día 15 de Septiembre se inauguraron los XXVII Juegos
Olímpicos en la ciudad australiana de Sydney, con una vistosa ceremonia,
centrada en la historia de Australia, y en la que participaron más de 12,000
artistas, quienes pudieron ser vistos en todo el mundo por 4,000 millones de
personas. El estadio olímpico de Sydney lució abarrotado, con 110,000
espectadores, ante los que desfilaron los atletas que representaban a 200 países.
Los australianos homenajearon a las mujeres al concederles los últimos relevos
del fuego olímpico. Betty Cuthbert (atleta en 1956 y 1964), postrada en una
silla de ruedas a causa de una esclerosis múltiple, fué ayudada en su tramo por
Raaelne Boyle (atleta en 1968 y 1972). Ellas fueron relevadas por la mítica
nadadora australiana Dawn Fraser (1956, 1960, 1964). LeS siguió Shirley
Strickland Delahunty (atleta en 1948, 1952, 1956). Luego, tomaron la antorcha
Shane Gould (nadadora 1972), y Debbie Flintoff-King (atleta 1988).
Como sucede siempre, el misterio se apoderó del sublime instante del encendido
del pebetero. Los organizadores mantuvieron en estricto secreto, hasta el final,
la identidad de quien encendería la pira, honor que mereció la atleta de origen
aborigen Cathy Freeman.
Fueron los olímpicos de Sydney la despedida, tras 20 años de timonel, del
presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, quien se
vió obligado, sin embargo, a interrumpir su presencia en la ciudad australiana
por la muerte de su esposa, que arrastraba una larga enfermedad. El presidente
regresó después a los Juegos, y exclamó: "han sido los mejores Juegos de la
historia".
Pero los Juegos de Sydney, los primeros juegos del siglo XXI, fueron noticias
incluso antes de encenderse el fuego.
El trayecto del fuego olímpico, por ejemplo, tuvo varios percances. Uno de los
portadores, un ciclista de 74 años de edad, de nombre Ron King, falleció después
de finalizar su tramo, en las cercanías de Muswellbrook, al noroeste de la
ciudad sede. La antorcha, además, estuvo a punto de ser apagada con un extintor
por un espectador y otro desconocido intentó arrebatársela a un relevista,
aunque sin éxito.
Fuentes policiales neozeolandesas habían revelado que había sido descubierto un
plan terrorista atribuido al millonario de origen saudi Osama Ben Laden, éste
pretendía atacar un reactor de investigaciones nucleares en Sydney, durante la
celebración de los Juegos.
La bahía de Sydney, como en toda Australia es conocida por la abundancia de
tiburones. El Comité Organizador, preocupado por posibles ataques de escualos a
los triatletas durante el transcurso de la prueba de nado, ideó un sistema
transmisor de ondas que ahuyenta a los tiburones y que portaron los buceadores
de escolta en el transcurso de la prueba.
Por cierto, los Juegos de Sydney tuvieron un marcado componente ecológico,
lográndose que por primera grupos ecologistas como Green Peace formaran parte de
la organización de la magna cita del deporte mundial. Así, la Villa Olímpica
usaba energía solar y las instalaciones de la bahía de Homebush, conocida como
el mayor vertedero de Australia, sufrió una transformación espectacular con una
gran inversión para convertirla en un parque natural.
Con la animación de Oly, un pájaro pescador que simboliza la amistad, Syd, un
ornitorrinco, que encarna la energía y el vigor de los australianos, y Millie,
un erizo que representa el optimismo de la ciudad de Sydney, arrancaron los
primeros Juegos del Tercer Milenio.
Los estadounidenses Marion Jones y Maurice Green, se declararon como reyes de la
velocidad al imponerse en los 100 metros planos, aunque la primera fué la
verdadera estrella al titularse en 100, 200 y 4 por 400.
En los 200 masculino se dió una gran sorpresa con la victoria del griego
Konstantinos Kenteris, mientras en las pruebas femeninas de la velocidad, se
volvió a presentar la jamaicana Marlene Ottey, quien con 40 años de edad corrió
su novena final olímpica, aunque no consiguió medalla.
El checo Jan Zelezny logró su tercer pergamino dorado consecutivo y su cuarta
medalla en total, pues en Seúl había finalizado con la presea de plata.
Actuación destacada fué la del polaco Robert Korzenioeski, quien se convirtió en
el primer hombre en hacer el doblete en la marcha, ganando los 20 y los 50
kilómetros.
Si algún deporte se destacó en Sydney fué la natación, imponiéndose 37 récords
(14 mundiales y 23 olímpicos). La natación es uno de los deportes más populares
de Australia, por lo que en Sydney los australianos se propusieron derrotar a
los estadounidenses, pero no pudieron, al quedar en 18 preseas por 33 sus
rivales.
Pero los anfitriones aportaron en la natación a una de las grandes estrellas de
los Juegos, el joven de 17 años Ian Thorpe, ganador de los 400 libres batiendo
el récord del mundo, y pieza decisiva para que Estados Unidos perdiera por
primera vez en su historia los 4 por 100 libres. Thorpe consiguió su tercer oro
en los 4 por 200 libres. Con lo que no contaba el australiano era con el
holandés Pieter Van Den Hoogenband, monarca en los 200 metros por delante de él,
y vencedor también en los 100 libres, batiendo el récord del mundo, y
convirtiéndose en el primer hombre que baja de 48 segundos.
El británico Steve Redgrave, consiguió su quinto oro consecutivo en la
competición de remo, en la prueba de cuatro sin timonel, (uno de los componentes
del equipo en Sydney fue Matthew Pinset, compañero de Redgrave en Barcelona y
Atlanta). El primero oro de Redgrave fue en Los Ángeles-1984, en la prueba de 4
sin timonel. A partir de Seúl 1988, participa en la prueba de 2 sin timonel,
prueba que no abandonaría hasta Atlanta 1996.
La alemana Birgit Fischer ratificó que es la piragüista con más medallas
olímpicas, superando a la sueca Gert Fredriksson al colgarse su sexta medalla de
oro, que sumadas a las tres platas hicieron un total de nueve . Fischer, de 38
años, ha ganado oro en cada uno de los Juegos que se han celebrado desde Moscú
(1980).