En 1996, por cuarta vez en la historia de los Juegos Olímpicos, una ciudad de los Estados Unidos de América acogía la gran
fiesta multideportiva, aunque era la primera vez que en una urbe del sur de Estados Unidos se hacía con tal galardón.
Grecia, y muchos en todo el mundo, pensaban que el primer centenario de los Juegos debía celebrarse en Atenas, donde
vieron la luz. Pero aún cuando la capital griega aspiró y fué candidata, no consiguió el reconocimiento. Atlanta venció, sin importar que hacía sólo 12 años otra ciudad norteamericana, Los
Ángeles, había organizado la reunión olímpica.
Los llamados Juegos del Centenario se destacaron por su organización. En la
apertura desfilaron 197 naciones participantes, 28 más que en Barcelona, con
un total de 10.800 atletas. Las 15 Repúblicas que habían pertenecido a la
desaparecida Unión Soviética desfilaron bajo su propia bandera.
Como sucede en todas las aperturas, la emoción del encendido del pebetero hizo
vivir momentos de gran intensidad emocional. Al Oerter, ganador de cuatro
medallas de oro consecutivas en estas lides, entregó la antorcha a la pareja
que formaron Evander Holyfield, nativo del estado de Georgia, y campeón del
mundo de los pesos pesados en el boxeo profesional y bronce en la cita de Los
Ángeles-1984, y la griega Patalidu, campeona de la lid olímpica de los 100
metros con vallas en Barcelona-1992.
El pugilista y la atleta depositaron el fuego en las manos de Janet Evans,
dueña de cuatro coronas olímpicas, quien entregó la llama al legendario
Muhammad Alí. Pese a los temblores a causa de la enfermedad de Parkinson, esta
leyenda viva del boxeo mundial, encendió el pebetero.
Aunque los Juegos transcurrieron bajo unas enormes medidas de seguridad, la
noche del 26 al 27 de Julio, explotó una bomba artesanal en el parque del
Centenario mientras se celebraba un concierto. El balance fué de dos muertos y
112 heridos.
Se celebraron 26 deportes, debutando el voleibol de playa, las carreras de
bicicletas de montaña y el softbol.
El estadounidense Michael Johnson fué la gran figura de esta cita al
convertirse en el primer hombre en ganar los 200 y 400 metros en unos juegos.
Además, pulveriza el récord del mundo en la prueba de 200 con un crono de
19.32, y no pudo correr el relevo 4 X 400 metros, ya que sufrió una pequeña
lesión al correr la final de los 200 metros.
Lo mismo, pero en el sector femenino, lo logró la francesa Marie Jose Perec,
con lo cual igualó la hazaña de la norteamericana Valerie Brisco-Hooks, que
consiguiera el doblete en el año 1984 en Los Ángeles.
Siria estrenó su casillero dorado en Juegos Olímpicos y el alto honor lo
mereció una mujer, Ghada Shouaa, al vencer en el heptalón, prueba en la que la
campeona de cuatro años atrás, la estadounidense Jackie Joyner tuvo que
retirarse lesionada, quedándole el consuelo de la presea de bronce en el salto
de longitud.
La famosa estrella norteamericana Carl Lewis, llegó a Atlanta con 35 años.
Había perdido la clasificación para representar a su país en las pruebas de
100 y 200 metros, por lo que sólo pudo presentarse en el salto de longitud, a
cuya final accedió casi de milagro. Sin embargo, ya en ella un discreto 8.22,
su mejor salto en dos años, le dió la victoria y con ella igualó el récord de
su compatriota Al Oerter al dominar una misma prueba por cuatro ocasiones
consecutivas. También el triunfo le posibilitó convertirse, junto al finlandés
Paavo Nurmi, en el atleta más laureado con 9 oros.
En los 100 metros lisos el canadiense Donovan Bailey ganó la carrera batiendo
el récord del mundo, con un crono de 9.84. El campeón en Barcelona, Linford
Christie, fue descalificado por dos salidas nulas. Bailey, consiguió un
segundo oro como parte del relevo 4 X 100 metros que en la final derrotó al
equipo norteamericano.
Y Sudáfrica gana su primera medalla de oro, trás su vuelta a los juegos lo
haría en la prueba de maratón gracias a una atleta de raza negra, Josia
Thugwane.
Hecho también destacado fue el protagonizado por el británico Steve Redgrave,
quien consiguió su cuarta de oro consecutiva en la competición de remo. La
primera fue en el año 1984 en Los Ángeles, en la prueba de 4 sin timonel. A
partir de Seúl-1988, participa en la prueba de dos sin timonel, la que no
abandonaría hasta Atlanta 1996; en Barcelona y Atlanta su pareja fue Matthew
Pinset.
La mejor ciclista de todos los tiempos, con 10 campeonatos del mundo y tres
Tours de Francia en su palmares, había tenido un arsenal de contra tiempos en
su carrera tras el título olímpico. Jeannie Longo entró en sexto puesto en los
Juegos de Los Ángeles-1984, al sufrir una avería en su bicicleta. En Seúl solo
llegó en el 21, compitiendo recién operada de una fractura de cadera, y en
Barcelona fué segunda tras la sorprendente holandesa Watt. Finalmente en
Atlanta, conquista el ansíado título.