EL BOXEO CUBANO: SUS INICIOS

Por El Gordo del Box

 

 

Un incontable número de páginas se han redactado abordando la historia del boxeo en Cuba, deporte que ha colmado de gloria a la mayor de las Antillas. Los nombres de Kid Chocolate - nuestro primer campeón -, Black Bill - el primer retador por un título mundial - y Kid Gavilán - uno de los más grandes campeones welter de todos los tiempos - quedaron tatuados para siempre en los anales de la historia. Otro gran número de púgiles decora nuestro universo fístico. Sin embargo, el suceso más importante en el pugilismo cubano es prácticamente desconocido, muy poco se ha escrito sobre sus inicios, mucho menos de su iniciante.

No muchas cosas en común comparten Chile y Cuba, dos pueblos que a pesar de hablar el mismo idioma y convivir en el mismo continente, los separan grandes barreras geográficas. Es por eso que me resultó fascinante que los comienzos del boxeo en Chile y Cuba estuvieran tan entrelazados. Quedarán unidos para siempre gracias a un hombre, Juan Budinich, John para los cubanos, quien introdujera el deporte en ambos países.

De Juan se conoce muy poco, su fecha de nacimiento sigue siendo un misterio, tampoco está muy claro el cómo empezó a boxear. Por ahí leí que fue en 1896, en un centro social y deportivo de Valparaíso, Chile llamado Círculo Coronel Urriola. Se dice que aprendió a boxear de los marinos, principalmente ingleses, ya que Valparaíso es una ciudad porteña. Las peleas en aquel entonces eran entre aficionados y de forma clandestina. Luego comenzaría a cobrar más seriedad el boxeo chileno con el traslado de Budinich a la capital, Santiago. Se dice que llega a la capital por 1902 y funda allí, junto a un púgil inglés llamado Joe Daly (un nombre tan genérico levanta sospechas sobre la veracidad de este dato), un local exclusivo para la práctica del box. A este local se le conoció bajo el curioso nombre de “La Filarmónica de Huaso Rodríguez”. No les fue difícil encontrar jóvenes entusiasmados por aprender las mañas del deporte de los puños. Ese mismo año se celebró el que se cree haya sido el primer match oficial en Chile, entre Frank Jones y Juan Budinich, imponiéndose este último por KO.

El boxeo fue cobrando popularidad entre la gente mejor posesionada, quienes gustaron de invertir algún dinero para ver a un par de jóvenes caerse a golpes. Así fue creciendo el deporte en Chile, y en algún momento gozó de alta popularidad a nivel nacional, alcanzando su máxima gloria en 1941 cuando Arturo Godoy retó dos veces a Joe Luis “El Bombardero de Detroit” por el título mundial de los pesados. Pero volvamos a nuestro amigo Budinich, el verdadero protagonista de esta historia. En algún momento zarpó como marino para Nueva York, que era en aquel entonces la Meca del boxeo profesional. Se dice que tuvo varias peleas por allá, pero de eso no he podido encontrar dato alguno. En algún momento, según pude leer, guanteó en entrenamientos con James J. Corbett, quien fuera campeón pesado entre los años 1892 y 1897. Sería de suponer que haya sido estando en los Estados Unidos que haya guanteado con el púgil estadounidense, pero al parecer Corbett se retiró en el año 1903. Es muy difícil que hayan guanteado, y seguramente fue una fanfarronería del trotamundo chileno, propenso a las aventuras y, por qué no, seguramente a las historias. En la gran manzana aprendió inglés, se desempeñó como camarero y continuó entrenando en gimnasios locales.

En 1910 Budinich navegó en dirección Sur y calló en la Habana. Era todavía un hombre joven y tenía algo de capital; el suficiente para alquilar un local y equiparlo debidamente. Los periódicos de la Habana cubrían el boxeo, incluso Martí estuvo como corresponsal para la pelea a mano limpia entre John L. Sullivan y Paddy Ryan, pero éste no se practicaba todavía.

En pocos días logró el chileno llenar su academia de jóvenes interesados en aprender a boxear. Venía gente de todas partes y de todas las profesiones. Tal fue el entusiasmo que Budinich, quien al parecer era un tipo vivo, logró conseguir un puesto como instructor de boxeo en el exclusivo Vedado Tennis Club.

Ganando un buen salario enseñando a la aristocracia a tirar el jab y con una academia de boxeo, el paso lógico era tener peleas y público que asistiera a verlas. Fue así que comenzó a promover peleas amateur en casas privadas y salones de fiesta. El interés por el boxeo fue creciendo y llegó la hora de introducir el boxeo rentado a la isla. Budinich se declaró como el único boxeador con la experiencia suficiente para enfrentarse a púgiles profesionales y por lo tanto iba a ser el protagonista de su propio show. Fue así que en 1912 trajo a Jack Ryan a la Habana, un púgil con vasta experiencia sobre el encordado, pero con un record modesto. Para sorpresa de todos Ryan noqueó a Budinich en dos asaltos.

El fallido primer intento de nuestro amigo Juanito no logró rendirlo y siguió promoviendo peleas. Subió dos veces más al cuadrilátero, ambas en 1915, logrando un empate en seis asaltos ante Jack Sentell y siendo noqueado en cuatro por John Lester Johnson, quien un año después vencería al gran Jack Dempsey. A pesar de sus fracasos como púgil, Budinich dejó un gran legado como entrenador y promotor. Ninguno de sus discípulos llegó a algo en el boxeo, pero algunos como Víctor Achán, Mike Febles y Tomás Galiana llegaron a ser reconocidos como entrenadores en la isla.

El boxeo dio a Budinich una vida holgada. Ganaba un buen salario en el Club de Tennis, además de tener su academia y algún dinero que hacía manejando boxeadores y promoviendo carteleras. Sin embargo en 1915, este romántico propenso a las aventuras, decidió marcharse a Francia a pelear en la Primera Guerra Mundial con las legiones de extranjeros. El Club de Tennis le prometió mantener el puesto hasta su regreso y Budinich dijo que una vez terminada la guerra volvería a la Habana a promover peleas y entrenar boxeadores. En 1918 envió una carta a la Habana en donde prometía volver pronto. Fue la última vez que se supo de él.

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9-17-2004  

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